La Iniciativa Uruguay Sur en la Conferencia Regional de ONUDI en Montevideo 2026
- 31 jul
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En julio de 2026, la Iniciativa Uruguay Sur participó en la Conferencia Regional de ONUDI para América Latina y el Caribe, realizada en Montevideo en el marco de la Semana de la Industria, organizada por el Ministerio de Industria, Energía y Minería de Uruguay. En la sesión plenaria Industrial Policy for Future-Ready Industries, la iniciativa compartió una mirada sobre política industrial, transición verde y desarrollo productivo desde América Latina y el Caribe.
En el marco de la Semana de la Industria, organizada por el Ministerio de Industria, Energía y Minería de Uruguay, se desarrolló en Montevideo, los días 15 y 16 de julio de 2026, la Conferencia Regional de ONUDI para América Latina y el Caribe. Uno de los principales espacios de intercambio fue la sesión plenaria Industrial Policy for Future-Ready Industries, dedicada a discutir el lugar de la política industrial frente a los cambios tecnológicos, productivos, ambientales y geopolíticos que atraviesan la región.
La ministra de Industria, Energía y Minería de Uruguay, Fernanda Cardona, planteó la necesidad de construir una visión colectiva para avanzar hacia una industrialización sostenible, inclusiva y de largo plazo. Ubicó esa discusión en un contexto marcado por la aceleración tecnológica, la reorganización de las cadenas de valor, la seguridad energética y la sostenibilidad como condición de competitividad.

Desde la experiencia uruguaya, señaló que la política industrial vuelve a ocupar un lugar estratégico para planificar el desarrollo productivo, orientar capacidades, agregar valor y generar empleo de calidad. También destacó algunas fortalezas del país para contribuir a esa agenda: una matriz eléctrica mayoritariamente renovable, infraestructura de telecomunicaciones, empresas públicas con capacidades estratégicas y un sistema de formación y generación de conocimiento descentralizado.
La cooperación regional tuvo un lugar central en su intervención. Cardona planteó la necesidad de transformar las capacidades y recursos de la región en estrategias compartidas de mediano y largo plazo, incorporando tecnología, conocimiento, financiamiento e instrumentos que permitan fortalecer el desarrollo industrial.
Por su parte, ONUDI aportó una mirada centrada en los desafíos de implementación de la política industrial en América Latina y el Caribe. En ese marco, el director general de la organización, Gerd Müller, presentó el Programa Regional para América Latina y el Caribe 2026-2030, estructurado en torno a seis áreas de trabajo: política industrial y competitividad, inteligencia artificial, cadenas de valor agroindustriales, procesamiento de recursos minerales, economía circular y descarbonización, y apoyo a pequeños Estados insulares en desarrollo.
El intercambio puso el foco en una pregunta compartida por los países de la región: cómo pasar del diseño de las políticas a su implementación. La discusión identificó el financiamiento, las capacidades técnicas y la coordinación interministerial como algunos de los principales desafíos para avanzar en procesos de transformación productiva sostenidos.
Las intervenciones de representantes de distintos gobiernos de América Latina y el Caribe coincidieron en la importancia de agregar valor a las exportaciones tradicionales, fortalecer la infraestructura de calidad, incorporar inteligencia artificial y sostenibilidad a las estrategias productivas y reducir la dependencia de sectores extractivos o de commodities con bajo nivel de transformación.
Daniel Schteingart, director de Desarrollo Productivo Sostenible de Fundar e integrante de la Iniciativa Uruguay Sur, abrió el panel con una presentación sobre las oportunidades y los riesgos que plantea el regreso de la política industrial para América Latina y el Caribe.
Señaló que la transición ecológica, la inteligencia artificial y la seguridad de las cadenas de suministro requieren inversiones, coordinación y mecanismos de reducción de riesgos que difícilmente surjan de manera espontánea. Por esa razón, explicó, los gobiernos de distintas regiones han vuelto a utilizar instrumentos de política industrial como subsidios, crédito dirigido, compras públicas, regulaciones e incentivos para actividades estratégicas.
Schteingart sostuvo que América Latina y el Caribe reúne condiciones especialmente favorables para esta nueva etapa. La región dispone de minerales críticos, recursos renovables, biomasa, tierras fértiles y biodiversidad, además de capacidades industriales, científicas y tecnológicas construidas durante décadas. A ello se suma una ventaja geopolítica significativa: en un contexto internacional atravesado por conflictos y disputas por el abastecimiento, la región continúa siendo una zona de paz.
Sin embargo, advirtió que esas fortalezas no garantizan por sí solas una trayectoria de desarrollo. Uno de los principales riesgos es que la transición verde avance sin modificar la inserción productiva de la región, exportando recursos naturales sin desarrollar cadenas de valor, importando tecnologías o dependiendo de estándares y metodologías definidos fuera de América Latina.
Frente a este escenario, ubicó a la Iniciativa Uruguay Sur como un espacio para producir ideas, generar cooperación y pensar la transformación productiva desde las condiciones y prioridades del Sur Global. En ese sentido, propuso evaluar las políticas industriales no solo por las inversiones que movilizan, sino por las capacidades que dejan instaladas: empresas que aprenden, trabajadores que incorporan nuevas habilidades, proveedores locales, instituciones fortalecidas y conocimiento capaz de sostener nuevas etapas de desarrollo.
También subrayó la importancia de construir estrategias situadas. Las experiencias internacionales ofrecen aprendizajes valiosos, pero las oportunidades y restricciones no son iguales para todos los países. Una política adecuada para una economía grande puede no ser viable para un país pequeño, con otra escala productiva y distintas capacidades estatales.

A partir de resultados del proyecto Transiciones Verdes, desarrollado por Fundar, señaló además que los países del Sur Global no son actores pasivos frente a la transición. Regulan, negocian estándares y desarrollan instrumentos de política industrial, aunque los resultados dependen de las capacidades acumuladas para producir información, desarrollar sistemas de trazabilidad, generar conocimiento propio y participar en la definición de las reglas del comercio y la sostenibilidad.
En relación con los minerales críticos y las energías renovables, sostuvo que el desafío no consiste únicamente en aprovechar los recursos disponibles, sino en identificar aquellos eslabones de las cadenas de valor donde cada país puede construir capacidades propias, incorporar conocimiento y generar mayor autonomía productiva.
Finalmente, presentó el concepto de espacio de política industrial verde como el margen efectivo con el que cuentan los gobiernos para impulsar estrategias de transformación productiva. Ese espacio depende de factores como la estabilidad macroeconómica, las capacidades estatales, el acceso al financiamiento, los acuerdos comerciales y la economía política de cada país.
En ese contexto, la cooperación regional aparece como una herramienta para ampliar ese margen de acción. Compartir capacidades, coordinar políticas y construir instrumentos comunes permite afrontar desafíos que difícilmente puedan resolverse de manera aislada. Desde esa perspectiva, la Iniciativa Uruguay Sur y el Programa Regional de ONUDI constituyen espacios concretos para fortalecer la capacidad de decisión y la cooperación entre los países de América Latina y el Caribe.
La participación de la Iniciativa Uruguay Sur en la Conferencia Regional de ONUDI reafirmó la importancia de pensar la transición verde desde las capacidades que deja en los países y territorios. Más que un proceso limitado a la descarbonización, la transición puede ser una oportunidad para fortalecer empresas, trabajadores, instituciones, conocimiento y autonomía productiva. Desde esa perspectiva, la cooperación regional no aparece como un complemento, sino como una condición para ampliar el espacio de política industrial y construir estrategias de desarrollo desde América Latina y el Caribe.

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